lunes, 20 de marzo de 2017

Todo lo que aprendí de mi hija!!!



Sin lugar a dudas, después de mis padres que me enseñaron valores para ser una buena persona, mi hija ha sido mi mejor maestra.
Ella me enseño a como criar una hija feliz, sin tantos prejuicios como tenia yo con ella, fue y es tan inteligente que aprendió de mis errores, ahora me doy cuenta que fui una madre castradora tratando imponer mis ideas a como de lugar y a causa de ello la hice sufrir a ella y también sufrí yo. 
Aunque mi hija nunca me lo dijo, estoy segura que en un momento de su vida recurrió a un psicólogo y se lo que este le debe haber aconsejado, " tu madre hizo su vida, ahora es tiempo de que vos seas feliz y hagas la tuya a tu manera sin importarte si a tu mamà le gusta o no", note enseguida su cambio, y fue para bien, ya no necesita mi aprobación para nada y siempre toma buenas decisiones.
Por suerte el tiempo pasa, el rió volvió a su cause y fluye tranquilo hacia  la desembocadura.
Y aunque se que cometí muchos errores no cambiaría nada de lo que hice porque gracias a ello he aprendido que a los hijos hay que enseñarle valores como lo hizo mi hija con su hija y luego dejarlos en libertad para que los apliquen y aprendan de sus propios tropezones.
Yo estaba tan pendiente de sacar cualquier piedra que estuviera en su camino con la que se pudiera tropezar que no la dejaba vivir en paz, me quedo con la tranquilidad de saber que todo lo que hice, lo hice pensando que era lo mejor para ella,aunque no fuera la manera correcta de haberlo hecho.
Hoy no hay nada que me enorgullezca mas que ella, hace si vida y no esta pendiente de la de los demás, solo se interesa si es para dar una mano si la necesitan, es una mujer con mayúscula, excelente persona, amiga de sus amigos  sabe cuando estar y cuando retirarse, trabajadora incansable, auto suficiente, madre ejemplar,
Y como hija, que les puedo decir. para mi, creo que me toco lo mejor de lo mejor, siempre pendiente de sus viejos, de su hija, solo una mirada le basta para saber como nos sentimos y trata por todos los medios de remediar cualquier situación que nos aqueje.
A ella solo me resta pedirle perdón y darle las gracias por ser como es, por haberme enseñado tanto, por haberme aguantado tanto, por seguir a nuestro lado y ponernos siempre entre sus máximas prioridades.

TE AMAMOS; FELIZ CUMPLE!!!

viernes, 10 de marzo de 2017

10 reglas básicas que debemos enseñar a nuestras hijas.



1- Criar las hijas para que sean auto-suficientes.
2- Elevarles EL AUTOESTIMA.
3- Hacerles saber que no necesita de nadie que las complete,
vienen completas de fábrica.
4- Que no permitan el abuso psicológico ni que les alcen la voz.
5- Que no permitan bajo ninguna circunstancia el abuso físico.
6- Que al momento de buscar o encontrar pareja tomen en cuenta que esa
persona quiera caminar a su lado, ni adelante ni atrás.
7- Que sepan que nadie tiene derecho a decirles que deben hacer o no.
8- Que nunca dejen entrar a su vida un hombre machista,
son las personas mas ignorantes e inseguras del planeta.
9- Siempre debes tener en mente estas palabras, "soy fuerte,
soy capaz, soy invencible, soy MUJER".
10- Que lo mas importante en la vida es ser feliz y que para serlo
no se necesita ni títulos, ni diplomas, solo ser una buena persona.

domingo, 5 de marzo de 2017

Los sentimientos

La hipocresía, la necedad, la injusticia, la altanería, la discriminación, la envidia, etc, son algunas de las cosas que hacen de las personas seres viles y sin integridad. Aparte de hacerlos infelices, porque el experimentar cualquiera de esos sentimientos te priva de tu propia felicidad, también te hace perder tiempo de tu vida juzgando la de los demás.
Se puede tener diferentes formas de ser , de pensar, de actuar, de vestir, de vivir, pero ninguna de esas cosas te hace mejor ni peor que nadie, Por suerte somos todos diferentes, somos como las huellas digitales, no existen dos iguales, sino fuera así, que aburrimiento seria la vida!!!.



Las indirectas

No hay nada que me moleste mas que las personas que quieren decir algo y lo hacen con indirectas. Será porque cuando yo tengo que decir algo lo hago de frente. Cuando alguien me tira una indirecta, me doy cuenta enseguida, pero me hago la tonta, si tienen algo para decir que lo digan de frente, de esa manera uno puede responder de frente sin dar vueltas al asunto.

domingo, 19 de febrero de 2017

10 cosas que me cambiaron después de la muerte de mis padres

Las relaciones que tienen los hijos con sus padres son diferentes al resto de relaciones. Nuestros padres se encargan de nosotros cuando no podemos valernos por nosotros mismos y nos dan su apoyo cuando nada parece ir bien. Su amor incondicional no conoce límites.

Lisa Schmidtcoach de estrategias para la vida y las relaciones, perdió a sus padres y escribió un poderoso homenaje de lo que realmente sentía. Lisa habla de cómo la ha afectado a largo plazo y en su vida diaria. También nos habla de pensamientos que todavía tiene a pesar de que hace tiempo que perdió a sus padres. Su vulnerable historia y la sabiduría que hay dentro de ella hace que su mensaje sea realmente inspirador.
Lee a continuación “10 cosas que me cambiaron después de la muerte de un padre” de Lisa Schmidt:
No creo que haya nada que te pueda preparar para perder a uno de tus padres. Creo que es un gran golpe que sucede en la edad adulta, porque estás en el punto donde eres amigo de tu madre o tu padre. Su sabiduría finalmente desaparece y sabes que todas la veces que lloraste durante tu adolescencia realmente se hicieron por amor y probablemente incluso salvaron tu vida una vez o dos.
He perdido a mis dos padres con dos años de diferencia; la muerte de mi madre fue mucho más inesperada. Mi padre murió con bastante rapidez después de un diagnóstico de cáncer. Mi madre fue la única persona que podía ver en mi alma y podía ayudarme de la manera más eficaz. Ella me enseñó lo que significan la humanidad, la empatía y la generosidad. Mi padre era el realista y sarcástico de la casa y una de las personas más indulgentes que he conocido. Si querías saber lo correcto, sin filtros; simplemente tenías que preguntar a mi padre.

El dolor sigue su curso y viene en etapas, pero no estaba preparada para que éste se alejara finalmente.
Mi teléfono nunca está a más de 25 centímetros de distancia de mí a la hora de acostarme, porque la última vez que lo hice me perdí la llamada en que mi madre murió.
2. El mismo pensamiento de la muerte de mi madre, a veces, hizo que físicamente enfermara durante unos seis meses después de su muerte. Yo, literalmente, vomitaba.
3. Sus muertes hicieron que el resto de nuestra familia se dividiera. Hice todo lo posible para cumplir sus deseos y, a veces eso me hizo parecer como la mala. La carga fue inmensa, pero entiendo por qué fui elegida. Me hizo más fuerte como persona, así que por eso estoy agradecida.
4. Estoy molesta por que mi hijo no llegó a tener la experiencia de haberlos tenido como abuelos. Los vi cinco veces antes de su nacimiento. Siento como si hubiera robado algo. Él los hubiera adorado y ellos a él.
5. No cambiaría mi tiempo con ellos por nada, pero a veces creo que habría sido más fácil que los hubiera perdido cuando yo era joven. Los recuerdos serían menos.
6. No te quejes de tus padres delante de mí. Como miembro del “Club de los Padres Fallecidos” te recomiendo que cierres la boca. Piensa con un poco de perspectiva sobre lo verdaderamente fugaz que es la vida.
7. Esto es como ser viuda – un “club” al que nunca quieres pertenecer. ¿Dónde devuelvo el ingreso no deseado a este club, por favor?
8. El resto de miembros del club son realmente las únicas personas que pueden entender verdaderamente lo que supone esta pérdida a una persona. Sólo ellos lo entienden. No hay otra manera de explicarlo.
9. La vida continúa, pero habrá ocasiones, incluso años más tarde, en que lo sentirás como si hubiera ocurrido ayer.
10. Cuando ves a tus amigos o incluso extraños con su madre o padre, a veces sentirás celos. Sentirás incluso envidía de una comida que tengan. Los grandes acontecimientos de la vida no volverán a ser iguales.
Aquí estoy sentada, ocho y diez años más tarde y todavía hay momentos en que voy hasta el teléfono cuando sucede algo importante. Entonces siento que algo me golpea; no puedo llamarlos.
Sus muertes me han cambiado para siempre y mi forma de ver el mundo. De una forma extraña me ha hecho ser una madre mejor. Siempre soy muy consciente de lo que los recuerdos pueden significar para mi hijo y cómo impactarán en su vida mientras estoy en este mundo. Se merece saber lo mucho que es amado y cuando me haya ido, lo que le enseñe e inculque a él ahora, será mi legado.

viernes, 17 de febrero de 2017

CARTA DE LA ANSIEDAD.


Hola. Soy tu ansiedad y si hoy estoy aquí, es porque me necesitas.
Necesitas de mi para modificar tu manera de interpretar tu realidad, la cual déjame decirte que está un poco distorsionada. Necesitas deshacerte de creencias que no te ayudan y que nada más te limitan; necesitas perdonar todo ese enojo que guardas a tus seres queridos y recuperar tu libertad interior.
Y sobre todo, necesitas de mí para hacer lo que te gusta de la vida, para ser tú mismo, y perder el miedo al rechazo o abandono de los demás.
Necesitas de mí para ponerle límites a las personas que te lastiman; para que te agarres de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo!
¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando. Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.
¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porque lo haces… si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo… y estoy aquí para pedirte que simplemente dejes de hacerlo.
Así es que ya sabes… si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha sacado de tu equilibrio interior.
Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella… si a los demás no les parece, es porque los estás retando y tarde o temprano te seguirán, y si no… tendrán otra oportunidad, dales chance.
El único control que puedes tomar es el de ti mismo, pero para recuperarlo, tendrás que aceptar que lo has perdido, y que dejes que yo me exprese, que salga a decirte con todos esos síntomas tan horribles que me inventé para decirte algo muy claro, pero si me reprimes y te distraes cada vez que llego… no podré hablarte y vendré más fuerte.
Así es que la próxima vez que me sientas llegar, haz un alto, cierra los ojos… déjate sentir todo lo que te estoy diciendo, apaga tu mente racional por un momento, déjate llevar… y entiéndeme. Después, empieza el cambio en tu vida con acciones claras y específicas, y en menos de que te des cuenta, me iré.
Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago… recuerda que no quiero lastimarte, quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz.
Y ya para terminar, ojalá que puedas verme como lo que soy: tu esencia.
Soy tú mismo gritándote con desesperación que me escuches por favor. Así es que hola, yo soy tú, hablándote desde el fondo de tu corazón, desesperado tocándolo para que me pongas atención, lo que sientes no es taquicardia, soy yo, tu esencia, que quiere salir de ahí.
Con cariño,
tu esencia disfrazada de ansiedad.
(Fabiola Cuevas)

jueves, 16 de febrero de 2017

LA VIEJA ATORRANTA

Si estuviera en esa situación yo también serìa una vieja atorranta.  

Hace muchos años, cuando era psicólogo muy joven, trabajé en algunos geriátricos. (...) Muchos de ustedes trabajarán o habrán trabajado en alguna institución, y sabrán que lo que tiene que hacer todo el que trabaja en un establecimiento al ingresar es ir a la cocina, porque la cocinera es la que está al tanto de todo lo que pasa.Más que los médicos incluso.
Llegué, entonces, una mañana, me dirigí a la cocina y, como era habitual, le pregunté a la cocinera.-¿Y, Betty, alguna novedad? -Sí, doctor- me llamó así aunque soy licenciado-. ¿Ya vio a la vieja atorranta?
-No - le dije asombrado-. ¿Entró una abuela nueva?
-Sí, una viejita picarona.
Me quedé tomando unos mates con ella y no volví a tocar el tema hasta que entró la enfermera y me dijo:-Gaby, ¿ya viste a la atorranta?-No -le respondí.-Tenés que verla. Se llama Ana.
Lo primero que me llamó la atención fue que utilizara, para referirse a ella, el mismo término que había usado la cocinera:
atorranta. Pero lo cierto es que habían conseguido despertar mi interés por conocerla. De modo que hice mi recorrida habitual por el geriátrico y dejé para el final la visita a la habitación en la que estaba Ana.
En esa hora yo me había estado preguntando de dónde vendría el mote de vieja atorranta. Supuse que, seguramente, debía ser una mujer que cuando joven habría trabajado en un cabaret, o que tendría alguna historia picaresca. Pero no era así. Cuando entré en su habitación me encontré con una abuela que estaba muy deprimida y que casi no podía hablar a causa de la tristeza. Su imagen no podía estar más lejos de la de una vieja atorranta. Me acerqué a ella, me presenté y le pregunté: -Abuela, ¿qué le pasa? Pero ella no quiso hablar demasiado; apenas si me respondió algunas preguntas por una cuestión de educación. Pero un analista sabe que esto puede ser así, que a veces es necesario tiempo para establecer el vínculo que el paciente necesita para poder hablar. Y me dispuse a darle ese tiempo.
 De modo que la visitaba cada vez que iba y me quedaba en silencio a su lado. A veces le canturreaba algún tango. Y, allá como a la séptima u octava de mis visitas la abuela habló: -Doctor, yo le voy a contar mi historia. Y me contó que ella se había casado, como se acostumbraba en su época, siendo muy jovencita, a los 16 años con un hombre que le llevaba cinco. Yo la escuchaba con profunda atención. -¿Sabe? -me miró como avisándome que iba a hacerme una confesión-, yo me casé con el único hombre que quise en mi vida, con el único hombre que deseé en mi vida, con el único hombre que me tocó en mi vida y es el hombre al
que amo y con el que quiero estar. Me contó que su esposo estaba vivo, que ella tenía ochenta y seis años y él noventa y uno y que, como estaban muy grandes, a la familia le pareció que era un riesgo que estuvieran solos y entonces decidieron internarlos en un geriátrico. Pero como no encontraron cupo en un hogar mixto, la internaron a ella en el que yo trabajaba, y a él en otro. Ella en
provincia y él en Capital. Es decir que, después de setenta años
de estar juntos los habían separado. Lo que no habían podido hacer ni los celos, ni la infidelidad, ni la violencia, lo había hecho la
familia. Y ese viejito, con sus noventa y un años, todos los días se
hacía llevar por un pariente, un amigo o un remisse en el horario de visita, para ver a su mujer. Yo los veía agarraditos de la mano, en la sala de estar o en el jardín, mientras él le acariciaba la cabeza y la miraba. Y cuando se tenían que separar, la escena era desgarradora.
¿Y de dónde venía el apodo de vieja atorranta? Venía del hecho de que, como el esposo iba todos los días a verla, ella le había pedido autorización a las autoridades del geriátrico para ver si, al menos una o dos veces por semana, los dejaban dormir la siesta juntos. Y entonces, ellos dijeron: -Ah, bueno... mirá vos la vieja atorranta.
Cuando la abuela me contó esto, estaba muy angustiada y un poco
avergonzada. Pero lo que más me conmovió fue cuando me dijo, agachando la cabeza:-Doctor, ¿qué vamos a hacer de malo a esta edad? Yo lo único que quiero es volver a poner la cabeza en el hombro de mi viejito y que me acaricie el pelo y la espalda, como hizo siempre. ¿Qué miedo tienen? Si ya no podemos hacer nada de malo. Conteniendo la emoción, le apreté la mano y le pedí que me mirara. Y entonces le dije:-Ana, lo que usted quiere es hacer el amor con su esposo. Y no me venga con eso de que ¿qué van a hacer de malo? Porque es maravilloso que usted, setenta años después, siga teniendo las mismas ganas de besar a ese hombre, de tocarlo, de acostarse con él y que él también la desee a usted de esa manera. Y esas caricias, y su cara sobre la piel de sus hombros, es el modo que encontraron de seguir haciéndolo a
esta edad. Pero déjeme decirle algo, Ana: ése es su derecho, hágalo valer. Pida, insista, moleste hasta conseguirlo. Y la abuela molestó.
Recuerdo que el director del geriátrico me llamó a su oficina para
preguntarme: -¿Qué le dijiste a la vieja?-Nada- le dije haciéndome el desentendido- ¿Por qué?
La cuestión fue que con la asistente social del hogar en el que estaba su esposo, nos propusimos encontrar un geriátrico mixto para que estuvieran juntos. Corríamos contra reloj y lo sabíamos. Tardamos cuatro meses en encontrar uno. Sé que, dicho así, parece poco tiempo. Pero cuatro meses cuando alguien tiene más de noventa años, podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Además ella estaba cada vez más deprimida y yo tenía mucho miedo de que no llegara. Pero llegó. Y el día en el que se iba de nuestro geriátrico fui muy temprano para saludarla, y e cuanto llegué, la cocinera me salió al cruce y me dijo: -No sabés. Desde las seis de la mañana que la vieja está con la valija lista al lado de la puerta. -Yo me reí. Entonces fui a verla y le dije: -Anita, se me va. Y ella me miró emocionada y me respondió: -Sí doctor... Me vuelvo a vivir con mi viejito. -Y se echó en mis brazos llorando.-Ana- le dije- Nunca me voy a olvidar de usted. Y como habrán visto, no le mentí.
Jamás me olvidé de ella, porque aprendí a quererla y respetarla por su lucha, por la valentía con la que defendió su deseo y porque gracias a esa vieja atorranta, pude comprobar que todo lo que había estudiado y en lo que creía, era cierto: que se puede pelear por lo que se quiere aunque se deje la vida en el intento. Y además, porque la abuela me dejó la sensación de que, a pesar de todas las dificultades, cuando alguien quiere sanamente y sus sentimientos son nobles, puede ser que enamorarse sea realmente algo maravilloso y que el amor y el deseo puedan caminar juntos para siempre.
Dejemos el prejuicio y la crítica...seamos tolerantes
( del libro "Encuentros" de Gabriel Rolón) —